La medicina contemporánea muestra una
diversidad de nuevos enfoques, puntos de vista nuevos en cuanto a que campos
abarca la medicina y lo que significa ser médico. Aunque el principio básico de
esta ciencia consiste en no dañar al otro bajo ninguna circunstancia, tal como
lo consignara hace ya 25 siglos Hipócrates, determinando que este principio,
más que una prohibición es un mandato.
La acción de no dañar es el principio fundamental de una ética que
afirma la "realidad del otro" como primera afirmación de
reconocimiento humano.
No se trata tan solo de señalar un
diagnóstico, determinar los cuidados y de intentar mejorar la calidad de vida
de las personas esto desde el punto de vista biológico; sino de mejorar la
calidad de vida en general de un
individuo, esto incluye el saber
determinar los límites hasta los cuales los profesionales de este campo deberían
llegar en cuanto a su accionar y a la
atención del paciente como un todo. Un enfoque holístico de la salud
contribuirá a sentar unas bases nuevas para la atención.
Estudiar medicina ofrece un
engrandecimiento tanto científico como personal, el saber discernir entre ambos bandos y saber
integrarlos como dos factores inseparables e indispensables, hacen de esta
práctica un arte, lo que a través de los años y el cambio de los tiempos, se
constituyó en el arte de la práctica médica.
Si bien es cierto, en la actualidad existe
una gran cantidad de avances tecnológicos en el campo de la investigación médica, no se
puede dejar de lado que a pesar de estos esfuerzo, la asistencia médica como
tal, ha contribuido comparativamente poco a la mayoría de las mejoras más
importantes en el nivel general de la salud de la población.
El desarrollo y avance de la biotecnología nos abre un
mundo de insospechadas ventajas respecto de la vida y específicamente de la
salud. No sabemos hasta donde se podrá llegar y como saberlo es imposible,
podemos reflexionar sobre las nuevas fronteras de la vida, que parecen cada vez
más anchas e indiscernibles.
Cabe destacar que la promoción de la salud y la prevención de
la enfermedad es un punto clave que
tiene un alto grado de importancia tal como lo hace la asistencia médica cuando
ya se presenta una patología, de tal manera que hacer hincapié en este aspecto
aportaría inmensos beneficios sociales e individuales. Sin lugar a dudas la
conservación de un buen estado de salud depende en todos los niveles del
comportamiento individual, de factores sociales y del estilo de vida, uno de ellos la
alimentación; y al suponer cambios relativamente pequeños en
dichos aspectos podrían determinar una verdadera mejora. También es evidente
que aquellas diferencias culturales que se pueden cambiar, para bien o para
mal, influyen de forma significativa en el comportamiento de los individuos.
Ser un buen médico parte de tener una
excelente y sólida formación científica y académica y además de atesorar los
valores y principios éticos fundamentales que rigen a un buen ciudadano. Va más
allá de la excelencia académica, ser médico implica entrega, sacrificio,
preocupación y por otro lado generosidad, lealtad y honestidad. Ser un buen médico es prevenir y curar la
enfermedad, es conocer las limitaciones de la ciencia, es acompañar en la
muerte digna. Ser buen médico es hacer uso racional y adecuado de los recursos,
es conocer el sistema de salud dentro del cual se ejerce. Ser un buen médico es
una responsabilidad y es un deber, es sentirse comprometido con el paciente, es
entregarle lo mejor de nuestras capacidades, conocimientos y valores. Ser un
buen médico significa construir un país y futuro, aportar para fortalecer las
bondades de este sistema y trabajar para mejorar y corregir sus debilidades o falencias.
Ser buen médico es también ser maestro y lograr que las nuevas generaciones de
médicos sean cada vez mejores.
Resulta imprescindible mejorar la forma en
que se comunican medicina y sociedad, partiendo para ello de la confianza
básica y universal que existe entre médicos y pacientes.
Ser médicos es trascender
de lo científico a lo ético y lo
moral. Es trascender más como seres humanos que como profesionales de la salud,
es prestar nuestras habilidades, dedicación y conocimientos al servicio y
bienestar colectivo, dejando de lado todos los estereotipos de nuestra área
como, por ejemplo este estereotipo difícil de erradicar: que la enfermedad
mental es menos importante que la enfermedad física. Debemos partir de la
premisa que la práctica médica abarca cuestiones universales y también
particulares, atiende necesidades comunes a todos los seres humanos y posee como
una guía ciertos valores fundamentales dirigidos primordialmente a la práctica
de la “buena medicina” de tal manera que se mantenga la integridad de la
medicina frente a presiones políticas y sociales. En dichos valores, se
establece como obligación suprema del médico el bienestar del paciente, así
como procurar que todos disfruten por igual de una asistencia sanitaria de
calidad y que sea más humanitaria, mostrando solidaridad y compasión, teniendo en cuenta siempre por delante, la
dignidad humana de cada individuo.
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